Esa noche, me volví a meter a los jacuzzi en el exterior y nos cambiamos de cabaña aerea buscando la "suite real" que era una gran cabaña arborea con cama King size y un peazo jacuzzi con inmensas vistas al río. Noche sin ardillas. Sin novedad.
Al día siguiente con tanto jacuzzi me levanté medio acatarrado como no podía ser de otra forma, así que suspendimos una excursión prevista para visitar las cinco cascadas en Mindo y decidimos emprender el viaje hacia Quito. En vez de llevarnos el taxista de la noche descubrimos que había pasado esa responsabildiad a su hijo, Byron, de 22 años y un hijo de dos. Allí lo normal es casarse recien cumplidos los veinte y tener un par de hijos enseguida, por eso el padre de Byron que debía tener un par de años más que yo ya era abuelo...
Dos horas y media después de salir con pena de Mindo llegábamos a Quito donde nos alojamos en el hotel cafecultura . El hotel está céntrico y nos costó unos 100 dólares la noche sin incluir el desayuno. Las habitaciones estaban muy bien, grandes y con buenos baños. Por la noche encendían la chimenea y el ambiente era muy occidental.
Tras comprar algunas láminas y joyas en la tienda de su fundación nos fuimos a visitar el centro histórico de Quito parando en primer lugar en su Catedral. Al bajar del taxi y subir por la cuesta enseguida notamos la altitud de Quito ( casi 2.900 metros) pero nuestra sorpresa fué mayúscula al descubrir que nos habíamos metido en medio del pregón de inicio de fiestas de Quito, que durarían desde ese día hasta el 6 de diciembre y celebraban los 474 años de la fundación de la ciudad por los españoles (la ciudad española fué fundada sobre una antigua ciudad inca que fué arrasada, no por los españoles, sino por un principe inca al constatar el derrumbe de su imperio). El pregón consistía en el desfile de numerosas bandas, incluidas militares pero sobre todo en el desfile había bandas de colegios femeninos. Creo que vimos miles de niñas-mujeres-niñas desfilando en minifaldas y con ropa hawaiana, la prueba de fuego de todo pederasta...
Tras salir por fin del desfile de adolescentes locas callejeamos por el casco histórico viendo los imponentes edificios e iglesias de época colonial. La que más me impresionó fué la iglesia de la Companía de Jesús (menudo poder el de los Jesuitas de la época...). Tras coger un taxi en medio de un descomunal atasco llegamos una hora después a nuestro hotel y al llegar a la habitación sufrí de fuertes escalofríos repentinos que me obligaron a meterme vestido y abrigado bajo todas las mantas y colchas de la habitación. Mi mujer, tras intensas gestiones, consiguió unos antibióticos, paracetamol y un termómetro. Un hipocondriaco como yo enseguida pensó en la malaria o en el Dengue, pues me habían picado mosquitos en Mindo. Mientras, el catarro me fué aumentando, taponándome toda la nariz , lo que junto al menor oxígeno que entraba a mis pulmones debido a la altitud, acabo generándome una intensa hiperventilación que aumentaba mi dolor de cabeza. Tenía 38 ºC y seguía con unos escalofríos horrorosos. Aquella noche fué un horror y tuvimos que llamar al taxista que teníamos previsto coger al día siguiente a las ocho de la mañana con el fin de cancelar la excursión a la zona indígena de Otavalo. Vaya contrariedad!!!
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